De crear contenido por diversión y monetización a volverse figuras públicas que pueden cambiar el rumbo de la sociedad. Este es el impacto que generan los influencers en el mundo.
El auge de los influencers se comenzó a construir desde la década del 2010, solo que bajo el seudónimo de youtubers, dado que la principal plataforma para generar contenido era YouTube. Desde los que hacían videos divertidos como “HolasoyGerman” hasta los que informaban sobre las culturas del mundo como “Luisito Comunica”, los creadores de contenido comenzaron a agarrar fuerza en la sociedad y empezaron a forjar una nueva realidad en el mundo.
Actualmente, con las redes sociales cada vez más fuertes como TikTok, los creadores de contenido se han convertido en personas con un peso real en los temas importantes del mundo. La postura que tomen puede llegar a dividir los bandos públicos; pueden desde concientizar sobre lo que ocurre en el planeta hasta terminar con una empresa por no compartir sus lineamientos. Pero ese poder también los coloca en una zona de riesgo: infracciones a las plataformas, “funas” digitales y un marco legal que aún corre detrás de la realidad digital.
El alcance que sí tiene consecuencias
Cuando una persona se comienza a considerar influencer, deja de crear contenido solo para él o un grupo reducido de seguidores; se vuelve una figura con impacto social, económico y político. Una publicación puede detonar campañas, afectar reputaciones o escalar conflictos. Por eso, plataformas como Meta, X o TikTok imponen reglas claras: discurso de odio, desinformación, acoso o incitación a la violencia son sancionables, incluso con la cancelación de cuentas.
El problema es que estas reglas no siempre se aplican con el mismo criterio. Hay sanciones exprés y, en otros casos, omisiones evidentes cuando el perfil es popular o políticamente relevante.
El odio a escalas mundiales
El “hate” dejó de ser un asunto individual y presencial. Hoy opera como dinámica de grupo: ataques coordinados, cancelaciones masivas y juicios sin contexto. Influencers, periodistas y figuras públicas quedan expuestos a una presión constante sobre qué pueden o no decir, ya que todo puede derivar en violencia digital, amenazas o daños psicológicos, no solo hacia ellos, sino hacia las personas que los rodean.
El caso más popular en México es sobre la comediante Karla Panini. En su momento recibió críticas en medios televisivos por casarse con el esposo de su mejor amiga, la cual tenía cáncer. Sin embargo, con el poder de las redes sociales, influencers se dieron a la tarea de convertirla ya no “en la mujer más odiada de México”, sino del mundo entero. Compartieron la historia y se encargaron de que otros influencers del mundo lo tradujeran a otros idiomas y así todos supieran lo que hizo. Este movimiento tuvo tanta popularidad que incluso se volvió un trend de Tik Tok.
Algo parecido ocurrió con la cantante Ángela Aguilar tras su relación con Christian Nodal, y con la actriz Florinda Meza, luego del estreno de la serie “Chespirito: Sin querer queriendo”, cómo separó al actor de su esposa y 6 hijos. Este último caso tuvo más peligros en cuanto al odio colectivo, cuando la actriz que interpretaba a la famosa comenzó a ser atacada por su papel.
Muchas veces los influencers no miden el nivel que tienen sus palabras u opiniones que, cuando han causado un gran revuelo o movimientos en contra de una persona u organización, han tenido que crear videos de disculpa y solicitar a sus seguidores que paren el “hate”.
Las marcas dependen de ellos
El poder de los influencers ha crecido tanto que ahora muchas marcas piden colaborar con ellos con el objetivo de hacerse conocer y que recomienden sus productos. Que un creador de contenido hable bien de lo que ofreces es el éxito seguro. Lo más extraño de esto es que ya no se necesita un anuncio sumamente producido de minutos como antes; con un solo video de un par de segundos es suficiente; muchas veces solo es mencionando el nombre o mostrando el producto por unos instantes.
¿Qué dice la ley en México sobre los influencers y su contenido?
En México no existe una ley específica y clara que regule el discurso digital de influencers. Sin embargo, sí hay marcos aplicables:
- Constitución: protege la libertad de expresión, pero no ampara el discurso de odio ni la violencia.
- Código Penal Federal y estatales: contemplan delitos como amenazas, difamación (en algunos estados), violencia digital y acoso.
- Ley Olimpia: sanciona la violencia digital, aunque su enfoque principal es la difusión de contenido íntimo sin consentimiento.
Ante el constante crecimiento del poder de los influencers en el país, se ha comenzado un debate sobre regularizar su marco legal como un empleo formal, entre ellos el censurar el odio y la desinformación que cada vez se ha ido normalizando bajo el concepto de “opinión personal”.
Al realizar estos ajustes en la ley, también se estará apoyando a ellos cuando se traten temas legales como el uso de su imagen de manera indebida, un tema que ha ido en incremento ahora con la inteligencia artificial. Recientemente, se viralizaron los casos de influencers que eran “copiados” con ayuda de la IA para generar videos como si fueran propios y promocionar ideas o productos.



