Hace 6 años la OMS declara una pandemia mundial por el COVID-19, dejando las calles vacías y marcando un antes y un después en la humanidad.

El 11 de marzo de 2020 quedó marcado como el día que marcó un antes y un después en el mundo. En esta fecha, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el brote de COVID-19 ya podía ser caracterizado como pandemia, luego de que los casos fuera de China se multiplicaran 13 veces en dos semanas y se reportaran más de 118 mil contagios en 114 países, además de 4 mil 291 muertes.
Seis años después, más allá de las cifras, lo que la gente más recuerda de esos años de encierro son las imágenes de ciudades paralizadas, escuelas vacías, hospitales llenos de gente y plasmando escenas sacadas de películas de terror, y cómo las personas documentaban sus vidas tras verse obligadas a encerrarse para intentar sobrevivir a un virus desconocido.
La OMS recuerda que, antes de la declaración de pandemia, ya había emitido el 30 de enero de 2020 la emergencia de salud pública de importancia internacional, el máximo nivel de alerta bajo el reglamento sanitario internacional.
La readaptación del mundo en fotografías
Hospitales al límite
Las primeras imágenes que marcaron la pandemia del COVID-19 fueron las de hospitales con más pacientes que personal. Médicos cubiertos de pies a cabeza, áreas de urgencias rebasadas, respiradores convertidos en símbolo de esperanza y cansancio extremo entre personal de salud que enfrentó jornadas brutales.



En muchos países, esas escenas dejaron ver sistemas sanitarios sin capacidad suficiente para responder a una emergencia de escala global. La propia OMS advirtió ese 11 de marzo de 2020 sobre los “alarmantes niveles de propagación” y también sobre los “alarmantes niveles de inacción”.




Ciudades vacías
Avenidas desiertas, plazas cerradas, aeropuertos semiparalizados, negocios con cortinas abajo y ciudades enteras en silencio. Lo que normalmente era sinónimo de movimiento se convirtió en una escena extraña, sacada de una película. Pero el mensaje era claro: las personas permanecen en casa sin importar qué. En cuestión de días, el encierro pasó de ser recomendación a rutina obligada para millones de familias alrededor del mundo.




Animales tomando la ciudad
Uno de los momentos que marcó la pandemia fue cómo las personas permanecían encerradas en sus casas y los animales se adueñaban de las calles. Desde alces andando entre los carros hasta especies de aves posando con tranquilidad en los postes de luz.



Cubrebocas, el mayor símbolo de la pandemia
El cubrebocas fue empleado primero como medida de emergencia, después como parte de la vida diaria. Su uso transformó oficinas, escuelas, transporte público, comercios y hasta la manera de relacionarse.



Esta medida era acompañada con la distancia obligatoria entre las personas; impidieron que se acercaran menos de un metro y medio, cambiando el panorama del contacto físico. Ya no se miraban abrazos, saludos y reuniones. El miedo al contagio cambió la convivencia y convirtió la rutina cotidiana en un riesgo potencial.
Mayor dependencia de las pantallas
Toda la convivencia se volvió virtual. Las clases eran a través de reuniones en Zoom, la familia se podía ver a través de videollamadas, se normalizó el home office y toda interacción “sana” era a través de celulares y computadoras, dejando de lado el contacto humano.



La pandemia no solo alteró la salud pública: también modificó hábitos, aceleró procesos tecnológicos y exhibió desigualdades, especialmente entre quienes sí podían resguardarse y quienes tenían que salir a trabajar para subsistir.
Familias separadas
Las imágenes que más mostraban dolor durante la pandemia eran cómo miles de personas no podían dar consuelo o poder dar una santa sepultura a sus difuntos por cuestiones de salud. Familias separadas, despedidas sin abrazos, convivencias a través de pantallas, funerales restringidos y pacientes aislados de sus seres queridos. El COVID no solo enfermó cuerpos; también fracturó vínculos y dejó cicatrices emocionales que todavía pesan en muchas casas.



Las marcas que dejó el COVID-19 en la sociedad
La pandemia se liberó hace años, pero sigue en la memoria de las personas, incluso como si hubiera sido hace unos meses. El encierro causó que muchas personas perdieran de manera correcta la noción del tiempo al no poder continuar su vida con normalidad.
Cada vez que alguien recuerda el COVID-19, piensa en filas para un oxígeno, tiendas cerradas y un mundo que colapsó al no estar preparado para una urgencia sanitaria. La pandemia pasó de emergencia sanitaria mundial a recuerdo histórico, pero sin duda las imágenes de esos días siguen siendo una advertencia de lo frágil que puede ser la normalidad.



