En cada salón de clases de preescolar, la labor de las educadoras va más allá de enseñar colores, letras o números. Su trabajo impacta directamente en la formación emocional, social y académica de niñas y niños, sembrando bases que perduran toda la vida.
Hay profesiones que se eligen y otras que se sienten profundamente. La docencia en educación inicial pertenece a estas últimas, donde la paciencia, la ternura y el compromiso son esenciales para acompañar a la infancia en sus primeros pasos.
Educación preescolar: más que aprendizaje, formación integral
Ser educadora implica comprender el mundo desde la perspectiva de los niños, interpretar sus silencios y acompañarlos en sus descubrimientos. Cada jornada en el aula representa una oportunidad para fortalecer la confianza, fomentar la curiosidad y construir seguridad en los estudiantes.
Vocación docente en la infancia
En este proceso, las educadoras se convierten en guías, pero también en figuras cercanas que inspiran, acompañan y dejan una huella significativa en el desarrollo de cada menor.
Experiencia y compromiso en el aula
La trayectoria de Oralia Sánchez Martínez refleja el valor de esta profesión. Con 50 años dedicados a la educación, su historia está marcada por la entrega y el compromiso con la niñez.
“Ser educadora para mí es una gran experiencia, un orgullo para mi familia y para mí. Siempre les digo a las compañeras, maestras, que, por favor, hagan que los niños sean felices aprendiendo; debemos sentirnos afortunadas de poder tenerlos y trabajar con ellos, acompañarlos en los aprendizajes. Son tan auténticos, son esas almas limpias, esos ojos transparentes, esas miradas curiosas. Veo en ellos esas ganas de aprender; es un gran compromiso con ellos y con nosotros, es hacer que nuestros alumnos, desde el preescolar, comiencen a definir los sueños que ellos quieran realizar cuando sean adultos”, subrayó.
Su testimonio refleja la esencia de la educación inicial: formar no solo estudiantes, sino personas con aspiraciones y confianza en sí mismas.
Una profesión que deja huella
La labor de las educadoras no se limita al presente. Su impacto se extiende en el tiempo, en cada niño que crece con bases sólidas y recuerdos significativos de su paso por el preescolar.
La enseñanza en esta etapa representa el primer contacto formal con la educación, donde se construyen habilidades fundamentales y se fortalecen valores que acompañarán a los estudiantes durante toda su vida.








