Dicen que el refresco es malo para la salud e incluso que mata o adelanta la muerte de quienes lo consumen de manera habitual y sobre todo de quienes llegan a la adicción a su consumo, pero sin embargo es innegable que resulta ser uno de los productos que más se consumen por las personas de todas las edades.
Sean de cola, de sabores o concentrado de frutas, el refresco forma parte de la cultura alimenticia de la población, pues a pesar de que se le sataniza es un producto que está de manera infaltable en la casa, la oficina o en el centro de trabajo, cualquiera que este sea, pues desde los más altos ejecutivos de las empresas y los gobernantes, hasta la persona común y corriente lo consume y en no pocas ocasiones lo hace en exceso, con todo y que los médicos, pediatras, nutriólogos y dietistas digan que es un producto nocivo para la salud por todo lo que contienen.
Desde el sobrepeso y la obesidad, hasta la enfermedad renal, la cardíaca, la diabetes y muchas otras enfermedades más, se le atribuyen en buena medida al alto consumo de las bebidas industrializadas, carbonatadas o gaseosas que se da entre la población, pero aun con eso y más que se le achaca al refresco, su consumo no se detiene precisamente porque forma importante de la dieta o si se quiere de la costumbre de la gente.
Médicos pediatras sostienen que está tan arraigado el consumo del refresco, que por increíble que pudiera parecer, hay madres recién paridas que a los dos o tres meses prefieren ya alimentar no con fórmulas lácteas sino con bebidas azucaradas a sus bebés, en lugar de darles leche de su propio pecho; “eso es un despropósito, pero es la realidad”.
Aunque se ha pretendido reducir la producción, distribución y consumo con la aplicación de impuestos especiales, el refresco tiene una alta demanda entre las familias y personas de todos los estratos socioeconómicos, situación de la que se aprovecha la industria refresquera para sacar diferentes y novedosas presentaciones, con la seguridad de que la venta está garantizada.
CONSUMO EXAGERADO DE REFRESCO
Los registros oficiales revelan que México es el primer consumidor de refrescos a nivel mundial, con un promedio de 163 litros por persona al año, siendo este un consumo mayor en 40% al que tienen países más poblados y desarrollados como Estados Unidos, Alemania, España e Inglaterra, entre otros.
El exagerado consumo de bebidas azucaradas explica en buena medida la enorme carga de enfermedades que se registra entre las personas de todas las edades, por lo que los médicos dicen que no se exagera cuando se dice que el refresco está asociado a la enfermedad y por ende a la mala calidad de vida de las personas.
El doctor Ismael Landín, ex-presidente del Colegio de Pediatras y uno de los médicos investigadores más reconocidos en Aguascalientes y a nivel nacional, no duda en advertir que los refrescos son un producto de consumo altamente peligroso que provoca sobrepeso, obesidad y todo lo que se desencadena en la salud por esa condición.
El resultado de una de las muchas investigaciones que han sido realizadas por especialistas advierte que ingerir refrescos o bebidas endulzadas en exceso se asocia con padecimientos como obesidad, sobrepeso, diabetes tipo 2, derrames cerebrales, gota, asma, cáncer, artritis reumatoide, enfermedades arteriales coronarias, óseas, problemas dentales y de conducta, trastornos psicológicos, envejecimiento prematuro y adicción.
REFRESCO EN LUGAR DE LECHE O AGUA
El alto consumo de refresco en México no es fortuito y deriva de un conjunto de procesos políticos, económicos y sociales que permitieron un acceso generalizado al refresco, anteriormente una bebida de la élite.
Por increíble que parezca, pero no solo los niños desde la corta edad o los adolescentes, los adultos y también muchas de las personas de la tercera edad, sino también desde los profesionistas, los ejecutivos, los empleados y hasta los albañiles, se les da por los padres o prefieren consumir que refresco en lugar de leche y en muchos otros de los casos incluso eligen el refresco por encima de la cerveza, así en ese nivel se puede manejar el arraigo del consumo de las gaseosas.
El refresco resulta ser un brebaje o mezcla muy peligrosa para la salud, puesto que contiene colorantes, saborizantes, conservadores, ácido carbónico, cafeína en cierto tipo de productos de esa línea e incluso otros elementos que son el “secreto” de las industrias refresqueras.
LA CHISPA DE LA VIDA
Contra lo que llegaron a manejar las refresqueras que le daban a su producto un toque de distinción como idea mercadológica y para garantizar su consumo, cosa que a final de cuentas han logrado con creces, puesto que difícilmente puede haber otro producto tan consumido con los refrescos, la alta ingesta de refresco está directamente relacionada con al menos 40 mil muertes al año de personas tan solo en el país, lo que habla de lo dañino que según las investigaciones, llega a resultar la ingesta de esas bebidas con exceso de azúcar, colorantes, saborizantes y de otros elementos dañinos.
Los investigadores aseguran que el anclaje del refresco en la dieta del mexicano es prácticamente desde la cuna hasta la tumba, toda vez que persiste la dificultad y hasta el rechazo a renunciar a estas bebidas, incluso entre personas con diabetes.
Se considera que entre los principales factores socioculturales que se reconocieron en el consumo de bebidas azucaradas fueron la familia, la escuela, la publicidad y las costumbres alimentarias.
Sobre los niveles de consumo de las bebidas azucaradas, los datos disponibles refieren que México es el primer consumidor de refrescos en el mundo, con un promedio de 163.1 litros por persona al año, cuando Estados Unidos trae un consumo per-cápita anual de poco más de 100 litros.
Se tiene que alrededor de las bebidas industrializadas, la misma gente y las familias mexicanas ha construido prácticas de consumo afianzadas con sentidos de identidad, valores y momentos de convivencia especiales, como es el caso de los festejos, rituales y emociones positivas.
DAÑO A LA ECONOMÍA
Los altos volúmenes o niveles de consumo de refrescos impactan de manera directa en la economía familiar debido a que cuando menos una décima parte del gasto se hace en la compra de bebidas azucaradas, sin considerar los jugos sino solo los refrescos, pero el problema se torna preocupante si se considera que para la atención y seguimiento de las enfermedades que están ligadas al refresco y la mala alimentación el gobierno destina sumas económicas siderales.
La ingesta inmoderada de refresco resulta ser un factor importante que detona una serie de enfermedades costosas en su tratamiento, entre ellas la diabetes por su alto contenido de azúcar, con todo y que a la industria refresquera se le obligó de alguna manera a reducir el uso de azúcares o sus derivados en la elaboración de esas bebidas.
Ante ello, se concluye que el consumo de refresco implica altos costos al erario público por el tratamiento de las enfermedades asociadas ya referidas y que en buena medida son las que están disparando la tasa de mortalidad entre las personas de todas las edades.
El problema no se queda en el gasto relacionado al tratamiento de las enfermedades, sino que también hay un impacto en lo que es la productividad laboral y sobre todo en la pérdida de la calidad de vida.
DULCE MUERTE
A finales de 2019, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y la Universidad de Tufts publicaron un estudio en el International Journal of Obesity para actualizar qué porcentaje de las muertes podría atribuirse al consumo de bebidas azucaradas.
Los resultados del estudio mostraron que el 19% de las muertes por diabetes, eventos cerebrovasculares y cánceres relacionadas con obesidad fueron atribuibles a las bebidas azucaradas. En contraste, del total de las muertes por todas las causas en adultos de 20 años en adelante, el 6.9% equivalente a 40,842 fallecimientos, se puede atribuir a la ingesta de estas bebidas. Estimaciones anteriores (presentadas en 2014) habían calculado 24,102 muertes anuales atribuibles al consumo de bebidas azucaradas en México.
Es decir, la nueva evidencia mostró un incremento significativo en las muertes asociadas al consumo de bebidas azucaradas.
Los resultados de este estudio dan cuenta de la importancia de realizar estrategias desde la salud pública que disminuyan el consumo de bebidas azucaradas, a fin de evitar casos de enfermedades crónicas, muertes relacionadas y gastos en atención a estos padecimientos.



