Verónica Rose, la therian más viral del momento, habló con JLMNoticias sobre qué es un therian, cómo vive esta identidad simbólica y por qué rechaza que se trate de una enfermedad o identidad de género.
Aguascalientes entra al debate: ¿qué es un therian?
La llegada de una reunión pública de therian a Aguascalientes abrió el debate en redes sociales.
Para entender el fenómeno, José Luis Morales entrevistó a Verónica Rose, considerada una de las therians más virales en México.
Lejos del morbo y las descalificaciones, Verónica accedió a explicar su experiencia personal, el origen del movimiento y la diferencia entre identificarse simbólicamente con un animal y “creerse” uno.
“No me siento animal; es interpretación”
Verónica fue clara:
“No me siento animal. No quiero ir al veterinario ni vivir como uno. Es roleplay, es interpretación.”
Explicó que el movimiento therian tiene antecedentes que se remontan a inicios del siglo XX y que tomó fuerza en los años setenta y ochenta con el furry fandom, del cual después se separó por diferencias ideológicas.
Según detalló, un therian es una persona que interpreta o se identifica simbólicamente con un animal, ya sea por afinidad emocional, espiritual o de personalidad. En su caso, dijo identificarse con una Akita Inu, raza japonesa conocida por su lealtad.
“No quiero que en mi credencial diga que soy una perra. Es una identificación simbólica, como cuando ves un personaje en una película y dices ‘soy ese’”, explicó.
Diferencia entre therian y furro
Uno de los puntos que más quiso aclarar fue la diferencia entre un therian y un furro.
- El furro disfruta vestirse de animal y del arte antropomórfico.
- El therian, además de vestirse, busca imitar comportamientos y sonidos en momentos de roleplay.
Ambas prácticas, insistió, se realizan en espacios específicos o en tiempos libres, sin dejar de llevar una vida cotidiana funcional.
“Trabajamos, pagamos cuentas, tenemos pareja. No vivimos como animales”, subrayó.
Experiencia personal: todo se remite a la infancia
Verónica relató que desde los seis años presentó comportamientos que describió como “ferales”, incluyendo ladridos y un incidente en el que mordió a una niña que intentó agredir a un amigo.
Con el tiempo y el acceso a internet, descubrió que existían comunidades con intereses similares, aunque aseguró que el término “therian” se popularizó hasta alrededor de 2010.
Hoy, tras casi dos décadas dentro del movimiento, afirma que su participación es consciente y voluntaria.
El lado oscuro de la viralidad
La exposición mediática no ha sido sencilla. Verónica denunció que algunos fragmentos de entrevistas fueron editados fuera de contexto para generar morbo.
“Dijeron que me creo una perra y que vivo como una. Eso no es cierto. Soy humana. Amo la pizza y el pollo”, afirmó.
También reconoció que ha recibido insultos y amenazas en redes sociales, aunque aseguró que en la vida real la reacción suele ser más de curiosidad que de agresión.
¿Enfermedad o expresión social?
Ante quienes consideran que el fenómeno es “una señal de decadencia social” o “una enfermedad”, Verónica respondió:
“No tiene nada que ver con identidad de género ni con LGBT. Es algo teatral. Es comunidad. Mientras no dañemos a nadie, no pasa nada.”
Reconoció que, como en cualquier grupo, puede haber casos extremos, pero insistió en que la mayoría de los therians solo buscan pertenecer y divertirse en un entorno de respeto.
Reunión therian en Aguascalientes
El interés en la conversación surgió tras anunciarse una reunión pública de therians en la Plaza Principal de Aguascalientes.
El evento ha generado debate en redes sociales, donde algunos cuestionan el fenómeno y otros defienden la libertad de expresión y asociación.
La entrevista permitió abrir el diálogo y comprender, desde la voz de una de sus representantes más visibles, qué hay detrás de las máscaras y del comportamiento a cuatro patas que se ha vuelto viral.
La conversación dejó claro que el fenómeno therian, más allá de polémicas, forma parte de las múltiples formas de expresión contemporánea que encuentran eco en redes sociales.
Para algunos es una moda; para otros, una identidad simbólica. Para Verónica Rose, es una forma de interpretación que no pretende sustituir su condición humana, sino expresar una afinidad personal.
Pero el debate continúa.



