La líder opositora venezolana María Corina Machado fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz 2025 por su “incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”, anunció este jueves el Comité Noruego del Nobel.
El jurado destacó su valentía y compromiso en la defensa de la libertad en un contexto de represión política. “María Corina Machado ha demostrado que las herramientas de la democracia son también las de la paz”, afirmó Jørgen Watne Frydnes, presidente del comité, al señalar que la galardonada “mantiene viva la llama de la democracia en medio de una creciente oscuridad”.
Una figura central en la oposición venezolana
María Corina Machado, nacida en Caracas en 1967, es ingeniera industrial y una de las figuras más emblemáticas del movimiento opositor al chavismo desde hace más de dos décadas.
Fundadora de Súmate, organización dedicada a promover procesos electorales libres, y del partido Vente Venezuela, ha sido una voz crítica tanto del gobierno de Nicolás Maduro como de los sectores opositores que, según ella, “han cedido ante el régimen”.
Su discurso liberal y anticomunista, al que denomina “capitalismo popular”, defiende el respeto a la propiedad privada, la reducción del aparato estatal y la apertura económica como herramientas para reconstruir Venezuela.
Machado fue diputada en la Asamblea Nacional en 2010, donde acuñó la frase “expropiar es robar” durante un debate con Hugo Chávez, símbolo de su férrea postura contra el modelo socialista instaurado desde 1999.
En 2014, encabezó junto con Leopoldo López y Antonio Ledezma la campaña “La Salida”, una ola de manifestaciones que exigían la renuncia de Maduro. Desde entonces, ha enfrentado procesos judiciales, inhabilitaciones políticas y amenazas que la llevaron a la clandestinidad tras denunciar fraude en las elecciones presidenciales de 2024.
Trayectoria reconocida internacionalmente
Antes del Nobel, María Corina Machado recibió en 2024 el Premio Václav Havel de Derechos Humanos del Consejo de Europa y, junto con el diplomático Edmundo González Urrutia, el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo.
Ambos reconocimientos valoraron su defensa de la democracia y los derechos humanos en un país donde —según el Comité Nobel— “la maquinaria violenta del Estado se dirige contra sus propios ciudadanos”, con más de 8 millones de venezolanos forzados a emigrar.
María Corina Machado: Entre la persecución y la esperanza
Pese a la inhabilitación política impuesta por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, María Corina Machado se mantuvo como líder del movimiento opositor y promotora de una transición democrática. En las primarias de 2023 obtuvo el 92 % de los votos, aunque posteriormente la autoridad electoral anuló la elección.
En 2024, cedió su candidatura presidencial a la historiadora Corina Yoris, también bloqueada por las autoridades. Finalmente, apoyó al diplomático Edmundo González Urrutia, quien representó a la oposición en las elecciones del 28 de julio de ese año.
El Comité Nobel subrayó que Machado cumple con los tres criterios del testamento de Alfred Nobel: “Ha unido a la oposición de su país, ha resistido la militarización de la sociedad venezolana y ha sido firme en su apoyo a una transición pacífica hacia la democracia”.
Un símbolo continental
Con este galardón, María Corina Machado se convierte en la primera venezolana en recibir el Premio Nobel de la Paz y una de las pocas figuras latinoamericanas reconocidas por su lucha política no violenta.
El Comité describió a María Corina Machado como “uno de los ejemplos más extraordinarios de valentía civil en América Latina en tiempos recientes”, mientras que su permanencia en el país, pese a las amenazas, “ha inspirado a millones de personas dentro y fuera de Venezuela”.
Desde la clandestinidad, la líder opositora ha reiterado que su causa no es personal, sino “por la libertad de todos los venezolanos”. Su trayectoria, marcada por la persecución y la esperanza, consolida su lugar como un símbolo de resistencia democrática en el continente.



